Llevo tiempo pensando en que cuando tenemos un problema, no
vemos más allá de una única estrategia. Parece que sólo hay una opción para
resolver dicho conflicto. Nos empeñamos en ponernos un antifaz sin darnos
cuenta de que si abrimos nuestra mente, aparece un abanico lleno de
posibilidades y colores.
La vida es ese espejo que nos recuerda quiénes somos en lo
que nos gusta y nos disgusta, siempre es positivo encontrarte a alguien en el
camino que te escuche sin juzgarte, sin aconsejarte y que su sola presencia te
dé la paz y guía que necesitas en cada momento.
Para los que no lo sabéis, me estoy especializando en
Comunicación No Violenta. Llevaba tiempo pensando que había logrado sanar una
herida de mi infancia. Sin embargo, hace ya unas semanas, volvió a resurgir con la muerte de
una persona allegada. Así que, de nuevo en mi oscuro pasado, volví a mirar con
ojos de rabia a quien no me escuchó en su momento. Tenía miedo por enfrentarme
a mis antiguos fantasmas; rabia porque necesitaba reconocimiento; y frustración
por ver que no había terminado de sanarlo.
Estaba empeñada en hablar con ella aun a sabiendas de que
sería un esfuerzo en vano. Me empeñé con tantas fuerzas que hasta visualicé
varias veces nuestra conversación. Hasta que, gracias a mi profesora, pude
comprender que no todo el mundo está preparado para escuchar la verdad de
nuestras emociones.
Jugamos a que ella fuera esa persona. Me desahogué, grité,
lloré, escupí palabras crueles de mi boca y ella se mantenía impasiva ante mi
despliegue emocional. En ese momento fui consciente de mi necesidad: que me
escucharan sin juzgar y poder liberar todo aquello que estaba dentro de mí.
Siempre me educaron en el callar y tragar; y ahora sólo puedo sentir compasión
y respeto por esa parte de mi pasado.
Ese día descubrí que la necesidad de reconocimiento que me faltaba
la podía suplir en mi día a día, acompañando a familias, niños y a mis propias
hijas. Así dejaré de darme de bruces contra un muro.
Entonces pensé: Wow,
si los niños se sintieran así de escuchados, sin réplicas, sin amenazas y sin
echarles la culpa de todo lo que pasa; evitaríamos muchísimos conflictos.
Asesorando a familias de múltiples veo cómo no son
escuchadas por el colegio donde van sus hijos. Tienen que abrir nuevos caminos y no suelen
ser fáciles.
¿Y por qué emprendemos esa odisea? Porque hemos preguntado a
nuestros hijos, los hemos escuchado y defendemos que tengan ese bienestar
emocional muchas veces junto a sus hermanos.
Los colegios, habitualmente, y fruto de las viejas culturas,
son quienes no se quitan ese antifaz del que hablábamos al principio de este
post.
Cuando recibo una carta de un profesor o director con ganas
de informarse y lleno de dudas al mismo tiempo, sólo puedo dar las gracias por
abrir su corazón.
¡¡Ojalá aprendamos a escuchar como lo hacen los niños!!
Un gran abrazo,
Meritxell Palou.
Precioso, Meritxell. Me apetecía escribirte y decir que admiro profundamente tu lucha, lo que estás haciendo para "despertar" a tantos profes, padres y madres sobre las necesidades emocionales de los niños. Gracias por estar ahí, y si en algún momento puedo ayudarte como profesional, no dudes en pedirlo!! (A veces los directores de colegio se abren un poco más cuando hay un informe médico por medio, no debería ser así, pero es lo que hay!!). Un abrazo enorme.
ResponderEliminarQue lindas palabras, Teresa! Y a la vez gracias a ti también, porque que una pediatra tenga tan abierto el corazón, es enriquecedor para los niños y padres que pasen por tu consulta, tus manos, tu sabiduría. Por cierto, acabo de ver que tienes un blog! Enhorabuena, es precioso! Gracias por ofrecerte, lo tendré en cuenta, porque asesoro muchas familias de Madrid. Feliz dia!
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